Su amigo y ella se habían hartado de dar vueltas sin sentido alrededor de las atracciones y las aglomeraciones de gente, por lo que decidieron dar un paseo por la parte del pueblo que estaba vacía, ya que todo el mundo estaba en la feria. Cuando se encontraban cerca del teatro, ella divisó a la lejos a un grupo prometedor de chicos de su edad. Un año más a lo sumo. Mientras se iban acercando, ella miraba al suelo. Siempre hacía lo mismo. Los efectos de la vergüenza. Faltaban unos tres metros para cruzarse y se animó a echar un vistazo uno por uno a los chavales. Ni siquiera le dio tiempo a ver los zapatos del primero cuando notó que el segundo la estaba observando. De repente, no fue capaz de escuchar a su amigo, ya que el tiempo se detuvo en el instante en el que sus ojos se encontraron. El corazón le latía deprisa, sin embargo, no se daba cuenta de nada. Pero los dos grupos tuvieron que seguir su camino. Sus miradas se separaron. Ella se quedó pensando.
Jamás volveré a verle, pero esto no lo voy a olvidar nunca.
Lilauzer.
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