Y saltar y reir y llorar y extasiarse e ir a la nubersidad de Raspay y fosforitear y comprar y leer y estudiar y odiar y amar y escribir y caer y levantarse y tener esperanzas y ganar y perder y dormir y despertarse y cagarse en todo y besar y abrazar y viajar y volver y mirar y cerrar los ojos y escuchar y oler y tocar y comer y sacar la lengua y guiñar un ojo y ver la lluvia caer y bañarse en la playa y secarse y seguir una serie y ansiar y anhelar y hacer fotos y cazar mariposas y ponerse unos zapatos y ver bob esponja y apoyar la cabeza en un cabecerón y vivir...

lunes, 26 de abril de 2010 en 7:26 , 2 Comments

FIEBRE 1793




Agosto de 1793, Mattie Cook es una chica de catorce años, ambiciosa, aventurera y harta de escuchar los sermones de su madre. Mattie tiene
sus propios planes, como, por ejemplo, convertir el Café Cook en uno de los mejores negocios de Filadelfia. Pero en el puerto sólo se habla de una posible fiebre. Una epidemia que se extiende desde los muelles hasta la casa de Mattie, amenazando a su familia. Los cementerios se llenan de víctimas y el miedo se convierte en pánico: miles de personas huyen de la ciudad y la tragedia se
instala en todos los hogares. Inesperadamente, la lucha por sobrevivir se impone, obligando a Mattie a tomar drásticas decisiones.







Por fin!


Lilauzer.

miércoles, 21 de abril de 2010 en 7:07 , 2 Comments

Querida Laisha:
Ambos sabemos que nunca se me ha dado bien expresar mis sentimientos y, ni mucho menos, escribirlo en un papel. Nadie me conoce mejor que tú. Pero tengo que hacer un esfuerzo. Por ti.
Desde que me marché de Nueva Orleans no he dejado de pensar en ti. No puedo olvidar aquellos paseos que dábamos por la ciudad, tus besos, tus caricias, tus ojos, tus manos, tu pelo, tu amor. Sobre todo eso.
Cuando mis padres me dijeron que teníamos que emigrar a otro país, lo único que se me pasó por la mente fuiste tú, solo tú.
En el instante en el que te lo conté, vi como una pequeña y diáfana lágrima te recorría la mejilla. Ahí fue cuando el mundo se me vino encima. Si te veo llorar, siento un vacío en mi interior, como si me arrebataran el corazón, como si me disparasen, como si me quemasen en una hoguera, como si me ahogase.
Recuerdo cuando te quedabas a dormir en mi casa, sin que mis padres se enterasen. Nos quedábamos contemplando la luna y abrazándonos hasta bien entrada la noche, jurándonos amor eterno, pensando en voz alta, recitando nuestros poemas favoritos, hablando sobre el futuro, manifestando la opinión que teníamos el uno del otro, jugando al parchís, disfrazándonos, riéndonos, llorando, haciendo el amor, leyendo, escuchando música. A veces, tú me escribías cartas como éstas, siento mucho no haberte escrito ninguna cuando pude. Tendría que haber aprovechado mucho más el tiempo que estuve contigo, dos años, nada más y nada menos. Creí que estaríamos juntos hasta la muerte.
No pienses que la distancia nos va a separar, nuestro amor perdurará.
En cuanto cumpla los dieciocho años iré a Nueva Orleans y no nos tendremos que volver a separar, no tendré que verte llorar de nuevo.
Bueno guarda esta carta muy bien, te seguiré escribiendo, espero que tú hagas lo mismo.
Por favor, no me olvides, ya que yo nunca lo haré.
Te quiere,  
Garrett.

martes, 13 de abril de 2010 en 10:40 , 2 Comments



A ambos lados del río se despliegan
anchos campos de cebada y centeno,
que decoran la tierra y se reúnen con el cielo;
y a través del campo se extiende el camino
que va hacia las torres de Camelot;
y la gente va y viene,
contemplando el lugar donde se balancean los lirios
alrededor de la isla de allí abajo,
la isla de Shalott.
Los sauces palidecen, tiemblan los álamos,
Las leves brisas se ensombrecen y tiemblan
en las olas que discurren sin cesar
por el río que rodea la isla
fluyendo hacia Camelot.
Cuatro muros grises y cuatro torres grises,
dominan un lugar rebosante de flores,
y la silenciosa isla aprisiona
a la Dama de Shalott.
Por la orilla, cubiertas por los sauces,
se deslizan las pesadas barcazas
tiradas por lentos caballos; e ignorada
navega la chalupa con revoltosa vela de seda
rasurando las aguas hacia Camelot:
pero, ¿Quién la ha visto agitando su mano?
¿O asomada en el marco de la ventana?
¿Acaso es conocida en todo el reino
la Dama de Shalott?
Sólo los segadores, segando temprano
entre la espesura de cebada,
escuchan un canto que resuena vivamente
desde el río transparente que serpea,
hacia las torres de Camelot:
Y a la luz de la luna, el cansado segador,
apilando los fajos en aireadas mesetas,
al escucharla, murmura: “Es el hada
Dama de Shalott”.

La Dama de Shalott - Parte I.

lunes, 5 de abril de 2010 en 11:30 , 1 Comment