Allí estaba ella. Llovía. Miraba por la ventana. Miraba cada una de las gotas que caían. Pensaba en lo vacías que se quedarían las nubes tras la tormenta. Se quedarían casi tan vacías como ella. Porque lo que ella sentía sin él era vacío. Simple vacío. Oscuridad. Soledad. Tentada por la lluvia, salió a la calle. A empaparse. Cuando ya se le había pegado la ropa al cuerpo, cerró los ojos. Recordó ese sublime y perfecto beso bajo la lluvia después de haber estado discutiendo demasiado tiempo. Lleno de pasión. Lleno de anhelo. "El último, por favor..." decía ella. Y él le cogía la cara. Y volvía a besarla con una sonrisa en la boca. Entonces, abrió los ojos y volvió a la desalentadora realidad. Estaba sola. Vacía de nuevo. Mojándose. Se dirigió a la habitación y volvió a mirar a través de la ventana. Tenía ganas de él. Muchas. De repente, la inundó un olor. Su olor. Sintió unos brazos alrededor de su cintura. Sintió que la tristeza se mitigaba. Sintió una enorme y agradable oleada de calidez en su cuerpo. Se sintió llena. Él susurró "te quiero". Ella sonrió. él la giró suavemente y la abrazó con fuerza, como si llevase años sin hacerlo. Le acarició las mejillas y metió las manos entre su pelo húmedo y enredado. Reunió todas las palabras de amor perdidas y las concentró en un beso pausado y dulce. La besó sin prisa. La besó con avaricia. Era suya. Solo suya. Ella apoyó la cabeza en su pecho. Y así, comenzaron a bailar una canción. Ambos sabían de cuál se trataba. Ambos sabían el código secreto. Ambos sabían su significado. De un modo lento, se fueron quitando la ropa. Nada apremiaba. Solo su deseo. Solo su sed recíproca. Él la llevó a la cama. Comenzaron con caricias. Hicieron el amor. Lo hicieron como si no hubiese mañana. Como si no hubiese ayer. Solo existía el presente. Solo él. Solo ella. Solo ellos. Perdidos en sí mismos. Encontrados en el otro. Fundidos en uno. Y así, se hizo de noche. Y de día. Ella abrió los ojos. Él no estaba a su lado, en la cama. Se levantó. Miró a través de la ventana. Llovía. Entonces sintió una gran oleada de calidez por todo su cuerpo. Él la abrazaba. Y no la soltaría nunca.



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martes, 13 de marzo de 2012 en 8:07 , 2 Comments