Mi mejor amigo y yo lo comprobamos hacía ya un año, ¡cómo se pasa el tiempo! Íbamos paseando y miramos. Todo estaba lleno de niños jugando al fútbol y abuelos sentados en sillas hablando entre sí, hasta ahí todo normal, pero esa estampa parecía de la época de la posguerra, las casitas antiguas, la vestimenta de los chicos...
Al volver al presente me quedé mirando una de las casas, o mejor dicho, lo que quedaba de ella. Parecía que allí había caído una bomba. Aunque había una valla para que nadie pasase, yo hice caso omiso y la moví unos centímetros para poder pasar. Aparté unos cuantos matorrales que habían crecido allí a lo largo de los años y nadie se había molestado en quitar y entré dentro de la parte de la construcción que aún tenía techo. Dentro todo estaba como afuera, destruido. Todo estaba oscuro, lo que me entorpecía la visión y el paso, pero advertí que la casa era mucho más grande por dentro que por fuera. Miré a mis dos flancos y divisé a lo lejos unas escaleras de mármol que refulgían misteriosamente. Me arriesgué a andar los metros que me separaban de ellas, pero a mitad de camino me tropecé con algo que me hizo desplomarme en el suelo y que me sangraran un poco las rodillas, sin embargo, era mayor la curiosidad que el dolor y me levanté, no sin antes coger aquello que me había hecho caer. Tenía una forma extraña para ser un trozo de escombro o una roca, hasta que me di cuenta que no era ninguna de aquellas cosas, sino un zapato de tacón negro, bastante antiguo, lleno de moho y polvo. Lo sostuve entre mis manos hasta que subí la escalinata y abrí la puerta chirriante, demasiado exuberante y pomposa para estar donde estaba. Súbitamente se me calló al suelo el zapato, ya que me encontraba en una sala de baile victoriana preciosa, estaba abandonada, con la pintura de las paredes desconchada y desprovista de muebles, pero aún así se percibían los bailes, los vestidos ornamentados de época, los amores prohibidos en el guardarropa, las bebidas, la traición. Me dí cuenta de que la habitación no estaba vacía del todo, al final de la sala había un piano negro de cola. Recorrí la estancia hasta llegar a mi destino y toqué varias teclas aleatoriamente, ya que no tenía ni idea de tocar el piano, pero unas fuerzas invisibles me obligaron a sentarme en la pequeña butaca y mis dedos comenzaron a acariciar las teclas ordenadamente tocando Victor's piano solo. Flashback. La misma sala limpia, nueva, con su belleza original. Una chica con un vestido gótico victoriano. Bailando sola. Dando vueltas alrededor de la pista. Le falta un tacón negro. Está llorando por un amor que nunca llegará. O que ya se fue...
http://www.youtube.com/watch?v=cyaZ35cqdR0
Lilauzer.

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