Querido alguien,

¿Recuerdas los viejos tiempos? ¿Recuerdas cuando estábamos juntos? ¿Cuando hacíamos el amor y nos besábamos a todas horas? ¿Y cuando me dejabas una margarita en la mesita de noche y una nota con un "te quiero" escrito para que pudiese verlas por la mañana, al despertarme?

Amor, ¿puedes recordar cuando éramos felices? ¿Cuando hacía que sonrieras a pesar de toda la mierda por la que estabas pasando? ¿Recuerdas lo que sentías por mí? ¿Recuerdas cómo tiritaban, azules, los astros, a lo lejos?

Pues bien, no te asustes, mi vida, todo eso es lo que te hubiese dicho si esto fuera la típica carta de desamor triste. Pero no tendría sentido decirte nada de lo que he escrito antes porque, para nosotros, no existen los viejos tiempos. Porque estamos juntos. Porque todavía hacemos el amor y nos comemos a besos. Todavía me dejas mi margarita y mi te quiero todas las mañanas sin excepción.

Amor, no tienes por qué recordar cuando éramos felices. Todavía lo somos. Porque soy jodidamente feliz contigo. Todavía. Te hago sonreír con sólo mirarte a los ojos. Sé que todavía me amas. Y a los astros que les jodan, que nosotros somos polvo enamorado. Y sé, sé, mi vida, que no me recuerdas. Me tienes. Y me tendrás. Siempre. Aunque yo no te tenga a ti.

Con todo el amor del mundo,      
         
                                                      Otro Alguien.

viernes, 26 de abril de 2013 en 8:30

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