La India, 1806. Ando un poco mareado y cabreado por el mono de la droga. Acabo de vender el último recuerdo feliz de mi vieja y casi olvidada vida. Un colgante con un camafeo. Su colgante.  Su cuello. Su perfume. Su pecho. Su vientre. Ella. Mía. Prostituta. Ganges. Suicidio. Me quería. La quería. Con rabia, le doy un golpe a la sucia pared. Parece una broma. Callejón sin salida. Sangre en los nudillos. Su muerte no fue mi culpa. Cuerpos sudorosos, atontados, drogados en la fría oscuridad. Piso algo con mi pie desnudo. Rata moribunda. Abro la puerta astillada del fumadero. Me llega el característico olor a podredumbre del opio, aunque dudo de que sólo sea del opio. Hombres al borde de la muerte. Pobres. Ricos. Irónico, tanto se odian en vida y todos juntos para morir. Por que de tanto opio moriré. Todos moriremos. Y al fin estaré con ella. Leotie. Me querrá. La querré. Haremos el amor hasta resucitar. O vivir otra vida. Y seremos ricos. Me siento a fumar al lado de un saco de huesos inerte. Eso es lo que me espera. Comienzo a aspirar el humo a través de un tubo. No veo la luz. Pero te veo a tí. Te quiero. Leotie. Yo también te quiero, Ibhanan. La toco. Me toca. Me acerco. Se acerca. La beso. Me besa. Me muero. 

viernes, 11 de febrero de 2011 en 7:29

5 Comments to " "

hm... es raro, bastante raro
pero mola! :)

Estoy de acuerdo, es raro, pero me gusta:)
Me gusta mucho!^^ un abrazo!

oh vaya! es genial! realmente genial! me has echo imaginarme toda la escena! una pasada de verdad ;D

Me encanta.
Por fin consigo leérmelo entero :)

Te ha quedado muy bien, en serio.

Hasta luego!

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